jueves, 17 de octubre de 2013

Explica Bosch, Balaguer, Majluta, Trujillo, Luperón y Duarte eran más extranjeros que Peña Gómez

Por Manuel Soto LaraEl doctor José Francisco Peña Gómez no era haitiano. Tampoco era descendiente de haitianos. Juan Bosch, Joaquín Balaguer, Jacobo Majluta, Rafael Leónidas Trujillo, incluso el héroe restaurador Gregorio Luperón y el inmaculado patricio, Juan Pablo Duarte, eran más extranjeros que Peña Gómez. Esto puede no caer gracioso, pero es verdad y eso me basta para decirlo. Aquí les van las pruebas....

Mucho se ha dicho de la recién pronunciada decisión jurisdiccional del Tribunal  Constitucional sobre estatus migratorios, que pone contra la pared a miles de ascendientes haitianos y alude a otro puñado de ascendientes extranjeros.

Tenemos que comenzar reconociendo que la República Dominicana es un pueblo de inmigrantes. Los nativos eran nuestros indígenas y precisamente los inmigrantes los eliminaron. En nuestra clase gobernante, los ascendientes del doctor Peña Gómez son de más antigua raigambre. Llegaron de España, procedente de África, por allá por el último gobierno de Buena Ventura Báez, (1868-1874).

Por aquella época vino al país,  no como esclava, sino como sirviente del Coronel Joaquín Zarzuela, Anastasia, conocida aquí como Ana María y cuando el Coronel hubo cumplido su misión ella se quedó aquí y se radicó en Las Matas de Farfán, entonces común de la provincia de Azua de Compostela. Como era normal en la época, por tradición de la cultura esclava, los súbditos recibían el apellido de sus amos. Existen registros de apellidos Zarzuela desde el año 1630, pero los morenos comenzaron con Anastasia Zarzuela. Aquellos eran españoles blancos.

Joaquín Zarzuela, entonces Teniente Coronel, recibe órdenes el 20 de noviembre de 1861 de la Reina Isabel Segunda de trasladarse a Cádiz para embarcar a su nuevo destino en Santo Domingo para organizar y tomar el mando del Regimiento de Infantería de San Marcial.  Ahí trajo a Anastasia. Ella murió el 1889, en Las Matas de Farfán a los 80 años de edad. Fue la tartabuena de Peña Gómez. Tuvo dos hijos: Francisco, alias Sisito, y a Merenciana que vivió 110 años.

Merenciana Zarzuela fue la bisabuela de Peña Gómez. A Merenciana los de confianza le llamaban Casiana. Era regordeta, ágil, alegre y bondadosa. Casó con Rafael Cabrera, apodado Guapito. Residía en la calle Anacaona. Casiana, como llamaban a Merenciana,  y Guapito procrearon varios hijos. Ella murió el 24 de octubre de 1938 a los 110 años en Las Matas de Farfán.  Había viajado un año antes de su muerte a la Loma del Flaco, al nacimiento de Peña Gómez, su biznieto. Su deceso está registrado con el número 378. Libro 1936, Folio 366.

De entre los hijos de Casiana y Guapito, una se llamaba Delfina y le llamaban Zenona. Contrajo nupcias con Rafael de Castro, apodado Vello, por su abundante vellosidad en el cuerpo. Zenona Zarzuela era la abuela de Peña Gómez y Vello, hijo de Bartolina de Castro, dominicano y  quien había nacido en El Naranjo, era su abuelo. Vello murió de fiebre, conforme consigna su acta de defunción, el 8 de septiembre de 1913, a los 55 años. (Libro D, Folio 109, Acta No. 11).  Zenona, la abuelita de Peña Gómez, tras la muerte de Vello contrajo segundas nupcias con Leovigildo Dicén. Ella falleció de pulmonía el 2 de noviembre de 1925 en Las Matas de Farfán a la edad de 45 años. De mala fe en ocasiones se ha pretendido atribuir el  apellido Dicén a José Francisco.

La línea ascendente es, entonces, como sigue: Anastasia Zarzuela, conocida como Ana María, que vino de España con el coronel Joaquín Zarzuela,  cuyos ancestros procedían del África, es la madre de Merenciana, y esta de Zenona. Oguís Zarzuela, el papá biológico de Peña Gómez, era hijo de Zenona.

Oguís Zarzuela, soltero, conversador ameno y de buen porte, “era reclamado en las fiestas porque jalaba el acordeón, tocada la tambora, tomaba tragos y era buen bailador. Se casó con María Marcelino, que había nacido en Monte Grande, Dajabón, el 4 de julio de 1914, era por entonces una mulata esbelta, de pelo abundante, busto pronunciado y caderas bien torneadas. Se fueron de Las Matas de Farfán a trabajar a la finca de Daniel Peña, en la Loma del Flaco. Tanto María como Oguís, los padres biológicos de Peña Gómez, no tenían ascendencia haitiana. No hablaban ni entendían el idioma creole, porque entre sus ancestros no había haitianos, ni tenían vínculo alguno con Haití. Habían venido derecho de España.

María Marcelino fue declarada en la Oficialía del Estado Civil de la localidad por José Bonifacio (Gurabito) el 3 de enero del año 1915. Figura inscrita en el Libro de Nacimientos No. 10, Folio 403, Acta No. 1. Mientras su partida de bautismo está registrada en la Parroquia en el Libro 5, folio 262 bajo el número 590. En ambos documentos aparece como hija de la dominicana Susana Marcelino. Fueron sus padrinos de bautizo José Bonifacio y Adela Dejorás. Todas las actas citadas las tengo a la vista cuando esto escribo.

En 1937, con la matanza de decenas de miles de haitiano en las zonas fronterizas, ordenada por el tirano Rafael Leónidas Trujillo, miles de dominicano con el color de la noche en la piel cruzaron la frontera para salvar sus vidas. María y Oguís no fueron la excepción. Una amiga de la mamá de Peña Gómez, tenía a su vez una amiga en Plaine du Nord, Cabo Haitiano, y allá se fueron y por miedo no regresaron. Allí sorprendió la muerte a María Marcelino el 15 de julio de 1980. Su acta de defunción, en creole, dice: “de nacionalidad dominicana”.  Peña Gómez, de pocos meses de edad, a la espaldas de su hermanita de 12 años, de nombre  Carmela  y su hermanito Domingo, quedaron desamparados en el monte.

Domingo, caminando sin rumbo llegó a la casa de la señora Linda Brea. Esta, sin más trámites, lo convirtió en su hijo adoptivo. Peña Gómez se colgó de la espalda de Carmela, y deambularon por los montes en busca de cualquier refugio. Llegaron a Loma del Sillón, cansados y hambrientos. Llegada la noche, el niño comenzó a llorar. El llanto se oía a la distancia y un alma piadosa no durmió en toda la noche escuchando los gritos en lontananza.  Era doña María Petronila Matías (dona Toní). En cuanto amaneció convenció a su esposo, Francisco Polo, que aparejara la yegua y se fueran al encuentro de los llantos infantiles.

Solo encontraron el niño, porque la niña se escondió por miedo. Pero la encontraron y la convencieron que les acompañara. Finalmente, ella accedió. Pronto dona Toní enfermó y los niños pasaron al cuidado en Mao de los esposos Miguel Tineo y América Torres. La niña se quedó con ellos, y Peña Gómez es asumido por Regino Peña y Fermina Gómez, esposo que buscaban un hijo en adopción, puesto que solo habían procreado uno, Leónidas, y ya era adulto. Estos le dieron educación, afectos e identidad a quien luego deviniera en uno de los más connotados líderes de masas en la República Dominicana, José Francisco Peña Gómez.

Como se observa, José Francisco Peña Gómez, es la quinta generación de un abolengo que de África, pasan como prisioneros de guerra por  Portugal, y de ahí vendidos a España como esclavos, para luego y tras generaciones, llegar con los conquistadores a nuestro lar patrio. Nunca pasaron por Francia ni por su entonces colonia de Haití.

JUAN BOSCH 

Otras figuras emblemáticas de nuestra vida pública, como el extinto profesor Juan Bosch, nieto de Juan Gaviño, quien nace en 1850 en San Lorenzo de la Guardia, España, son de dominicanidad más reciente que la de Peña Gómez.  Su padre,  José Bosch Subiráts, nace el 16 de julio de 1877, en Tortosa, España. Y su progenitora, Ángela Gaviño Costales, nace en Puerto Rico el 30 de agosto de 1886. Como se ve, ninguno de los ascendientes de Juan Bosch nacieron en la República Dominicana.
De hecho, tras el asesinato del entonces  presidente Ramón Cáceres, el 19 de noviembre de 1911, la familia Bosch y Gaviño se traslada a Haití. Allí, en Cabo Haitiano, nacen dos hermanos de Juan Bosch, Francisco y Gavino. Regresan a  Santo Domingo, tras el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, por la intervención norteamericana a Haití. Si no fuera porque Juan Bosch nació en 1906, la sentencia del Tribunal Constitucional le tuviera pisoteando los talones. De sus descendientes no puedo decir los mismo.

JOAQUÍN BALAGUER TENÍA UNA ABUENA HAITIANA

Joaquín Amparo Balaguer Ricardo, no Joaquín Antonio, como él mismo se hacía llamar, porque aborrecía el Amparo, nació en 1906. Hijo de Joaquín Balaguer Lespier, puertorriqueño de ascendencia catalana, y de Carmen Celia Ricardo Heureaux, hija de Rosa Amelia Heureaux. El primer apellido de Balaguer es aragonés de solera antigua y el Heureaux revela origen de su abuelo franco-haitiano.

Balaguer, el más enconado imputador de haitianismo a Peña Gómez, tenía el negro detrás de la oreja, como dice el decimero quisqueyano, Juan Antonio Alix. Nadie como Joaquín Balaguer desdeñó tanto a José Francisco Peña Gómez por el color de su piel. Incluso, patrocinó las más viles campañas de antihaitianismo financiando al tristemente célebre contra almirante Luis Homero Lajara Burgos, quien llegara hasta la falsificación de documentos para haitianizar a Peña Gómez. Juan Bosch y Joaquín Balaguer también tienen en común que los dos trabajaron para el jefe; pero ese no es el tema de esta clase.

JACOBO MAJLUTA NO TENÍA EL NEGRO DETRÁS DE LA OREJA, PERO ERA DE ASCENDENCIA EXTRANJERA.

El ex presidente Jacabo Majluta Azar, nacido el 9 de octubre de 1934, era hijo de su homónimo, don Jacobo Majluta. Este era dominicano de ascendencia siria. Su progenitora, Elena Azar, era oriunda del Líbano. Al igual que Juan Bosch, y, diferente a Peña Gómez, era hijo de padres extranjeros. Jacobo no tenía el negro detrás de la oreja; pero tampoco era dominicano de pura cepa. A sus descendientes, la sentencia del Tribunal Constitucional  también les pisa los talones.

EL JEFE TAMBIÉN TENÍA EL NEGRO DETRÁS DE LA OREJA.
Rafael Leónidas Trujillo era hijo de José Trujillo Valdez, pequeño comerciante descendiente del sargento grancanario José Trujillo Monagas (que llegó a Santo Domingo como integrante de las tropas españolas de refuerzo durante la Anexión), y de Altagracia Julia Molina Chevalier, más tarde conocida como Mamá Julia, hija de Pedro Molina, campesino dominicano, y de Luisa Ercina Chevalier, hija a su vez de un oficial haitiano de los tiempos de la ocupación de 1822. No obstante, Trujillo siempre renegó la ascendencia haitiana de su madre.

El Jefe ordenó matar, y la orden se ejecutó, a los negros de la frontera en 1937. Los progenitores de Peña Gómez tuvieron que emigrar a Haití para salvar sus vidas. ¡Lo que es la vida!  Quien los perseguía era precisamente un descendiente haitiano. A muchos de ellos, que ni por asomo eran haitianos. “Cosas verede”, dijo Cervantes en su obra El Quijote.

GREGORIO LUPERON, A DIFERENCIA DE PEÑA GÓMEZ, ERA DE ASCENDENCIA HAITIANA.
Gregorio Luperón, nuestro Padre Restaurador, quien tiene todos los méritos del mundo, era de ascendencia haitiana. Eso  no lo hace menos meritorio. Su madre se llamó Nicolasa Luperón y su apellido original era francés, pues, Luperón, que luego se castellanizó como se conoce en la actualidad, era algo así como “Doperrón”.

Mientras los antepasados de Peña Gómez son dominicanos desde la quinta generación, Juan Bosch, Jacabo Majluta y Gregorio Luperón, son dominicanos de primera generación. Mientras que Trujillo y Balaguer lo son de segunda generación. En otras palabras Peña Gómez es cuatro veces más dominicano que Bosch, Majluta y Luperón. Tres veces más dominicano que Trujillo y que Balaguer. Si cabe aplicar las matemáticas a la nacionalidad.

DUARTE, QUE ES LA DOMINICANIDAD MISMA, ERA DE ASCENDENCIA ESPAÑOLA.

Nuestro insigne e inmaculado patricio, Juan Pablo Duarte, el político, filántropo  y patriota más acrisolado de la estirpe dominicana, era hijo de Juan José Duarte Rodríguez, un próspero comerciante español procedente de Vejer de la Frontera, Cádiz, España y de Manuela Díez Jiménez, seibana, hija de padre español y madre dominicana. Esto no le quita méritos a Duarte, ni a ninguno de los citados. Pero la verdad debe de ser dicha aunque duela.

De hecho, tras  la ocupación de Toussaint Louverture en 1801, la familia Duarte-Diez se trasladó a Mayaguez, Puerto Rico y regresó al país cuatro años después. De Juan José Duarte, padre del patricio, no haber regresado con su familia, Juan Pablo Duarte no habría nacido aquí, y, tal vez, otra fuera la historia. Por eso se dice que la suerte, o el azar, tiene categoría histórica. Ello lo ilustran los casos siguientes.

REFERENTES INTERNACIONALES:

Pero no nos preocupemos. Lo mismo ocurre en cualquier país de nuestra América. Los ex presidentes uruguayos, Julio Sanguinetti, Batlle  y Pacheco, eran españoles, catalanes por más señas; Stroessner, alemán, un teutónico puro; Pinochet vino de Francia; Velasco Ibarra, de la Meseta Castellana; Los Castros, en Cubra, son gallegos de origen; también eran españoles el argentino Alfonsín, el venezolano Carlos Andrés Pérez; y El Che no era cubano, sino argentino; el mexicano Salinas de Goltari, vasco de origen.

Carlos Alberto Reina, de Honduras; Rafael Caldera, de Venezuela, y José María Figueres y en el Salvador Cristiani, tienen sus raíces genéticas al otro lado del atlántico.

Entre nosotros, el General Santiago Rodríguez, adalid de Capotillo, nació en Cabo Haitiano, de madre haitiana, Josefina Masagó. Hasta hace poco su lápida, en la antigua Iglesia de San Ignacio de Sabaneta,  decía “Aquí reposan los restos del General Santiago Rodríguez. Nació en Cabo Haitiano el 25 de julio de 1810 y murió en Sabaneta el 29 de mayo de 1897 a la edad de 69 años”, ojalá que no les quiten las cédulas a sus descendientes.

No vamos hacer más larga la lista, pero recordemos que Pepillo Salcedo era más madrileño que americano; Gabino Puello, era puertorriqueño; y Alfredo Deetjén, miembro del gobierno restaurador y luego lugar teniente de Luperón, nació en Haití. Peña Gómez tiene una dominicanidad de más antigua raigambre que todos ellos.

A la consecución de nuestra nación concurrió un manojo de hombres y mujeres, con cuyo sudor y sangre, generosamente derramada, nos ayudaron a erigirnos como Estado libre y pueblo con dignidad; cualquier desconocimiento a esas deudas, aunque lo hagan los jueces por sentencia,  es una ingratitud.

Tenemos que resolver el problema migratorio con cautela, porque es muy complejo; a simple vista luce contradictorio, es decir, muy en el fondo, todos somos dominicanos, o no lo somos ningunos. Pero al mismo tiempo  no estamos todos los que somos, ni somos todos los que estamos.  La situación es compleja y reclama prudencia. Porque muchos no tienen la suerte, como José Francisco Peña Gómez, de ser dominicano de “pura cepa”, pero no por eso necesariamente  dejan de serlo.
¿No entendió, amigo lector, esto último,? o ¿encontró contradicciones?, no se preocupe, porque así de promiscuo, ambiguo y complicado es el tema de nacionalidad dominicana.

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