jueves, 19 de septiembre de 2013

El día que Acapulco quedó bajo el agua

Esther Jiménez supo que algo andaba mal cuando desde el departamento donde se hospedaba en Acapulco, Guerrero, vio pasar a un automóvil arrastrado por el agua....

"No dejaba de llover, no teníamos electricidad, ni teléfono, el internet estaba inservible", cuenta a BBC Mundo.
"Era muy desesperante porque no sabíamos lo que estaba pasando, pero cuando regresó la energía fue peor porque supimos que todo estaba cerrado y no podíamos salir de Acapulco".
Todo había empezado dos días antes, cuando la mañana del viernes 13 de septiembre el puerto amaneció con una llovizna pertinaz que en pocas horas se convirtió en la tormenta tropical Manuel. La caída de agua no cedió en los siguientes días, hasta que el domingo se consumó el desastre:
El aeropuerto internacional cerró porque las salas y estacionamiento se inundaron. La Autopista del Sol, la principal vía de comunicación terrestre del puerto sufrió varios deslaves y el servicio de internet y telefonía fija se interrumpió.
El segundo balneario más importante de México quedó bajo el agua, totalmente incomunicado. Unos 40.000 turistas permanecieron varados y la mitad de los barrios sufrieron inundaciones de acuerdo con el alcalde Luis Walton.
Organizaciones empresariales y de hoteleros comparan el desastre con lo ocurrido en 1997, cuando el huracán Paulina devastó la ciudad y causó la muerte a 207 personas.
Ahora la cifra de víctimas es de 27 fallecidos pero la diferencia es que hace 16 años el puerto se mantuvo comunicado, lo cual no ocurrió ahora con la tormenta tropical Manuel, que ahora en su ruta hacia el norte frente a la costa del Pacífico mexicano se convirtió en huracán en la noche del miércoles.

Desabasto


Para el momento en que Esther vio pasar al automóvil arrastrado por el agua, Acapulco se había dividido en dos partes debido a las inundaciones y el desbordamiento de la Laguna Tres Palos: una el área conocida como el puerto tradicional y la otra llamada zona Diamante, donde se encuentra el aeropuerto civil.
Y en medio miles de personas que viven en barrios populares, muchas de ellas que trabajan en la zona hotelera.
Completamente aislados, cientos escaparon en lanchas o a pie mientras que otros permanecieron en el techo de sus casas a la espera de ser rescatados por helicópteros civiles y militares.
El cierre del aeropuerto y las carreteras provocaron un desabasto casi inmediato, especialmente de alimentos. En los hoteles racionaron la comida y el agua.
Fue un momento de enorme angustia, le cuenta a BBC Mundo Rafael Gutiérrez, quien viajó al puerto para aprovechar el fin de semana largo por el festejo de Independencia.
"Al principio no me preocupé porque otras veces me ha tocado lluvia, pero cuando no se quitó y quise regresarme ya fue imposible. En el hotel nos recomendaron que mejor nos quedáramos porque todo estaba inundado", recuerda.

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